Los incendios más devastadores en la historia de España

Incendios en España

Hasta mediados de agosto, los incendios han consumido más de 382 000 hectáreas de superficie forestal. Esta cifra supera la devastación de años como 2012 o 2017 y solo queda por debajo del récord histórico de 1994, cuando se alcanzaron unas 438 000 hectáreas quemadas. El fuego declarado en Molezuelas de la Carballeda, en Zamora, ha pasado a la historia como el más extenso en territorio peninsular, con más de 37 000 hectáreas arrasadas y con propagación incluso hacia la provincia de León.

Galicia, Castilla y León y Extremadura han sido algunas de las comunidades más castigadas. Miles de personas han tenido que abandonar sus casas de forma preventiva, varias infraestructuras de transporte como líneas de tren de alta velocidad se han visto interrumpidas y enclaves de gran valor histórico, como la zona de Las Médulas, han estado bajo amenaza directa de las llamas.

Lecciones del pasado: grandes incendios históricos

Aunque 2025 ya ocupa un lugar destacado en la memoria colectiva, España ha sufrido otros incendios que marcaron época.

En 1994, un fuego devastador en Moratalla (Murcia) arrasó una enorme superficie forestal debido a un fallo eléctrico en los tendidos de alta tensión. La combinación de altas temperaturas, viento intenso y escasa prevención convirtieron aquel verano en uno de los más trágicos para los montes murcianos.

En 2015, la provincia de Jaén fue escenario de un incendio de grandes dimensiones que se prolongó durante casi un mes. El fuego comenzó en el municipio de Quesada y obligó a desplegar a cientos de bomberos forestales, militares de la UME y numerosos medios aéreos. El resultado fue la destrucción de miles de hectáreas de pinares y un enorme impacto económico y ecológico.

Dos años más tarde, en 2017, un incendio iniciado en la zona de Mazagón, en Huelva, obligó a evacuar a más de 2 000 personas, muchas de ellas en las inmediaciones del Parque Nacional de Doñana. Durante varios días el fuego puso en jaque a uno de los espacios naturales más valiosos de Europa, recordando la vulnerabilidad de incluso los ecosistemas más protegidos.

Otro episodio dramático se vivió en la Costa del Sol en 2012, cuando seis municipios malagueños se vieron afectados por un incendio que dejó dos víctimas mortales, más de 6 000 evacuados y una superficie calcinada superior a las 8 000 hectáreas. El fuego alcanzó incluso zonas urbanas, dejando viviendas destruidas y graves pérdidas materiales.

Las islas Canarias también han sufrido incendios de gran magnitud. En 2007, un fuego iniciado en Gran Canaria se extendió rápidamente hasta afectar cerca de 20 000 hectáreas, convirtiéndose en la mayor catástrofe forestal registrada en el archipiélago. En 2004, en la provincia de Huelva, un incendio en las Minas de Riotinto arrasó casi 28 000 hectáreas y dejó un balance trágico con dos fallecidos y cuantiosas pérdidas en explotaciones agrícolas y ganaderas.

Un problema creciente

Los expertos coinciden en que, aunque el número total de incendios es hoy menor que hace algunas décadas, los que se producen son cada vez más grandes, destructivos y difíciles de controlar. Factores como las olas de calor extremas, la sequía prolongada, la despoblación rural y la falta de gestión forestal generan un escenario perfecto para incendios de alta intensidad que avanzan con rapidez y arrasan superficies inmensas en pocas horas.

Las autoridades insisten en la necesidad de reforzar la prevención durante todo el año, mantener limpias las masas forestales y mejorar la coordinación entre comunidades autónomas y Gobierno central. Al mismo tiempo, científicos y especialistas subrayan que el cambio climático está convirtiendo los veranos en periodos cada vez más propicios para este tipo de catástrofes, lo que obliga a repensar las estrategias de gestión y respuesta.

Reflexión final

El desastre de 2025 demuestra que España sigue siendo uno de los países europeos más vulnerables a los incendios forestales. Cada verano se convierte en una prueba de resistencia para los servicios de extinción, los vecinos de las zonas rurales y los ecosistemas que conforman el patrimonio natural del país. Mirar al pasado y aprender de los grandes incendios que han marcado nuestra historia reciente es fundamental para afrontar los desafíos que plantea un futuro cada vez más condicionado por el fuego.